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Aunque el titulo del post hable de ‘pescados’, no podíamos omitir hablar del marisco. La época en la que se consume más marisco es en Navidad pero, la verdadera temporada de estos moluscos son los meses de julio y agosto pues la mayoría de marisco está disponible en estos meses.

Muchos de nuestros clientes nos preguntan algunas dudas sobre la cocción del marisco y, en esta ocasión, hemos pensado en compartirlas con ustedes por si también coincidíais.

La pregunta que más nos hacen es a cerca del agua. La mejor agua que se puede utilizar para cocer el marisco es el agua de mar, pues cuenta con la salinidad perfecta. Sin embargo, no todos tenemos la posibilidad de acercarnos a la playa a por un poco de agua, ¿verdad? Pues en este caso, debemos añadir nosotros mismos la sal.
La sal más aconsejable que se debe utilizar es la marina y se debe disolver unos 100 gramos de sal por cada litro de agua que necesitemos para la cocción del marisco.
Por lo general, estos serían los únicos ingredientes necesarios para cocer el marisco, aunque hay personas que les gusta añadirle una hoja de laurel para darle otro toque al sabor. Sin embargo, nosotros somos de los que pensamos que lo mejor es que el marisco sea lo más natural posible porque por sí mismo tiene un gran sabor.
Otra de las dudas que suelen surgirles a nuestros clientes cuando vienen a comprar el marisco es si éste tiene que introducirse en el agua una vez que empiece a hervir o con el agua fría. Pues bien, nosotros recomendamos lo siguiente:
Si vamos a cocer marisco que aún está vivo como puede ocurrir con los centollos o el buey de mar, lo mejor es echarlo con el agua fría. De esta forma, evitaremos que se suelten las patas y se estropee la carne del marisco que queda al descubierto consiguiendo que su sabor sea diferente.
Y, en el caso de preparar marisco que ya está muerto como patas rusas, gambas, gambones… Nosotros solemos esperar a ponerlo a la olla una vez que el agua ha empezado a hervir pues si lo ponemos antes, el marisco estará más tiempo en el agua y puede que se suelten las patas, al contrario de cómo ocurriría en el caso anterior.