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Centollos: cómo diferenciarlos y prepararlos

b2ap3_thumbnail_centollo_cantabrico.jpgEl centollo, como lo conocemos en España, es una especie de crustáceo decápodo, es decir, un cangrejo. Es un marisco migratorio de gran tamaño que puede llegar a medir hasta 20 centímetros de diámetro y con un caparazón repleto de espinas y protuberancias. Sus patas son delgadas y velludas y poseen unas pinzas alargadas.

El centollo se consume sobre todo en invierno y se suele localizar en áreas del noreste del Atlántico y en el mar Mediterráneo. Este marisco se alimenta de una gran variedad de organismos entre los que se encuentran las algas, los moluscos y los erizos. Como decía, se trata de un crustáceo migratorio ya que cuando llega el otoño sale de su hábitat habitual llegando a alcanzar hasta 160 km en ocho meses. Durante este tiempo, el centollo se vuelve gregario para defenderse de los depredadores.

A diferencia de otros crustáceos, la hembra es de menor tamaño que el macho, pero es más carnosa. Para reconocer el sexo del centollo sólo hay que levantar la lengüeta encorvada que se encuentra en la parte posterior del caparazón. El macho tiene esta parte en forma de ‘v’, mientras que la hembra tiene esta lengüeta más ancha y redonda.

b2ap3_thumbnail_Centollo.JPGCocinar un centollo es muy sencillo, sólo tienes que poner agua a hervir y cuando empiece a bullir se añade el crustáceo a la olla con un buen puñado de sal. El tiempo de cocción depende del peso del marisco, es aproximadamente de 2 minutos por cada 100 gramos de peso; por tanto, si el centollo es de un kilo serán unos 20 minutos aproximadamente.

Cuando haya pasado el tiempo recomendado, sacamos el centollo y lo ponemos en una tabla para prepararlo. Y si cocinarlo era sencillo, emplatarlo también. Lo primero que debemos hacer es quitar la lengüeta para abrirlo. Una vez abierto, colocaremos el centollo a modo de plato con toda la carne dentro.

Para que las patas sean más fáciles de comer cuando las sirvamos, lo que se debe hacer es coger un buen cuchillo e ir cortándolas una a una. Siempre con cuidado de que no cortemos una pata por la mitad para no estropearlas. Además, podemos machacarlas con un martillo para que posteriormente sea más sencillo sacarle la carne.